Leyendo la definición que se suele hacer de los músculos antagonistas o de la acción antagonista de un músculo, creo que desde el ámbito de las ciencias del ejercicio se ha contribuido a una enorme confusión en las cabezas de los estudiantes (medicina, fisioterapia, INEF) que se transmite de generación en generación. A veces hay conceptos que se utilizan "para entendernos" pero luego su uso se nos va de las manos y lleva a no pocas contradicciones.
No existen, en sentido estricto, los músculos antagonistas ni acciones antagónicas de un músculo contra otra. Sólo existen acciones sinérgicas entre músculos. Analicemos por qué en diversos supuestos.
Los músculos se tensan generando una fuerza determinada con diversos fines. ¿Tiene sentido que haya músculos que se opongan a la acción de otros? Desde luego que no, y si es así tiene que haber una buena razón de índole neural.
Ejemplo nº 1: Patada al aire en Karate (sobre todo cuando es una patada fallida). Músculos significativos que contribuyen a la fase ascendente de la patada: psoas-ilíaco, cuádriceps, tibial anterior, oblicuos internos de un lado y externos del otro según la pierna que de la patada. No cito los músculos que dan estabilidad a la pierna que permanece en contacto con el suelo porque no quiero complicar el análisis. Una vez la patada resulta fallida, debemos detener la inercia de la pierna; la gravedad no es suficiente. Aquí sabemos que tendrán protagonismo isquiotibiales y glúteos. ¿Actúan éstos antagónicamente contra los anteriores? Desde luego que no, porque estos músculos no se oponen a la acción de los anteriores; ésta acción ha cesado previamente. Se oponen a la inercia de la pierna en ascenso para que no se acabe produciendo un daño articular en rodilla y cadera. El cuerpo, si funciona correctamente, hará disminuir o cesar casi por completo la acción neural de los músculos iniciadores de la patada, a la vez que activa los músculos que deben frenar. Los músculos no se contradicen unos a otros, actúan en sinergia para el buen resultado global de la acción y que el cuerpo salga indemne.
Ejemplo 2: Un mecanógrafo. Los músculos que contribuyen a presionar las teclas se contraen a la vez que los músculos que levantan los dedos para pasar a otra tecla. ¿Hay acción antagónica? ¡Tampoco! Simplemente ocurre que si se quiere escribir a cierta velocidad, la acción neural de los músculos que levantan el dedo de la tecla debe tener tener lugar antes de que el dedo presione la tecla. De lo contrario escribiríamos a velocidad de tortuga. Para ejercitar acciones explosivas se necesita un cierto nivel de activación neural y este nivel necesario no se alcanza en milésimas de segundo. Nuestro sistema nervioso no es tan rápido. Ojalá lo fuera (aunque no olvidemos que el sistema nervioso consume mucha energía y genera gran fatiga). Nuevamente, sinergia para la eficacia de la acción, que no es otra que la eficacia y rapidez en el tecleo.
Ejemplo 3: Un culturista que exhibe sus biceps y tríceps con el codo casi extendido (160º). Es obvio que si contrajera sólo los bíceps el codo no podría permanecer en una posición estática. Nuevamente, no hay antagonismo, sino sinergia para un fin muy concreto, en este caso, mostrar la musculatura al jurado del culturista (biceps y tríceps) bien definida. Hay, por tanto, acción sinérgica para este fin.
Ejemplo 4: Fase de apoyo del corredor en la carrera. Sabemos que en la fase inicial de apoyo (la de amortiguación o frenado), cuádriceps e isquiotibiales se contraen sinérgicamente. Y esto ocurre por dos razones. Primero porque los isquiotibiales en esa posición tienen más brazo de momento sobre la cadera que sobre la rodilla y contribuyen a dar más fuerza a la extensión de cadera necesaria en el apoyo. El cuádriceps por su parte contribuye a impedir la excesiva flexión de la rodilla. Pero además hay otra razón: cuando el cuádriceps se contrae con fuerza, la acción de los cuádriceps sobre el tendón rotuliano tiende a provocar un desplazamiento anterior de la tibia que podría provocar excesiva tensión sobre el ligamento cruzado anterior o luxación anterior de rodilla, de modo que la acción de los isquiotibiales actúa a favor de la integridad de este ligamento y evitando una luxación. Lo mismo ocurre en la clásica sentadilla.
Ejemplo 5: Mecanismo de inhibición neural recíproca. Se dice que ante una fuerte contracción de un músculo se inhibe el antagonista. Cierto. Es el resultado de nuestro sistema propioceptivo a nivel medular y de la programación neuromotora a nivel cerebral. Sin este mecanismo, un músculo le estaría haciendo la pascua al que se encuentra al otro lado de la articulación. Igual que en el futbolín cuando el defensa chuta fuerte, conviene que los delanteros levanten sus jugadores para no entorpecer el chute. De nuevamente, acción sinérgica.
Curiosamente el reflejo de estiramiento o de estiramiento opera a la vez que el de inhibición recíproca. En cierto modo, el reflejo de inhibición recíproca se opone al reflejo miotático en las acciones concéntricas, pero sigue existiendo, no se anula.
Prefiero, por razones prácticas, seguir hablando de músculos antagonistas para referirnos a los que están al otro lado de la articulación, pero lo que de ninguna manera me parece apropiado es hablar de acción antagónica, porque las acciones musculares en un cuerpo sano tienden a ser sinérgicas. Espero que esto contribuya a utilizar los conceptos agonista-antagonista-sinergista -referidos a los músculos- con más cautela.
intro
miércoles, 21 de enero de 2015
martes, 20 de enero de 2015
¿El ejercicio físico es salud?
Hay afirmaciones que se oyen de forma tan reiterada que a menudo terminamos por considerarlas verdades incuestionables. Una de ellas es "el ejercicio es saludable". Pero antes de entrar en el asunto, convendría preguntarse: ¿qué significa saludable? ¿Existen acciones saludables?
En mi opinión la salud hay que tomarla desde una perspectiva negativa. Es decir, existen acciones no saludables. La salud, entendida a su nivel más global, consistiría en eludir en la medida de lo posible las acciones no saludables. Sin embargo no creo que haya, en sí, acciones, conductas o alimentos saludables, aunque sí que hay acciones, conductas y alimentos (o drogas) poco saludables.
Tomemos por ejemplo el ejercicio con incidencia cardiovascular considerable: atletismo, remo, ciclismo, natación. Realizar acciones con incidencia cardiovascular moderada se suele considerar saludable, es decir, que aporta beneficios a nuestro corazón (lo robustece), que contribuye a reducir la presión arterial, regula las tasas de colesterol y triglicéridos, etc. Eso no quiere decir que sin ejercicio de estas características las tasas de colesterol HDL, LDL o TG no puedan estar a niveles aceptables. La alimentación puede incidir en ellas de manera tanto o más sustancial como el ejercicio, de modo que un llamado sedentario puede estar en estos aspectos tan saludable como un deportista.
Tener un corazón fuerte es sano si en reiteradas ocasiones tenemos que someterlo a esfuerzos considerables. Pero para nada es cierto que sea sano tener un corazón fuerte en sí, sea cual sea la actividad que realicemos habitualmente. Tampoco tener una elevada capacidad de absorción y transporte de oxígeno (VO2) es en sí saludable y en determinados casos hasta podría ser contraproducente. De no ser así, parecería bastante lógico pensar que cuando dejáramos de hacer ejercicio, nuestro corazón se mantendría grande y fuerte y nuestros pulmones seguirían teniendo una capacidad elevada de absorber oxígeno. Es probable que haya una razón para que nuestro organismo regrese a los niveles basales cuando se deja de practicar deporte intenso, si no es que nuestro organismo no se autorregula tan bien como creíamos. De modo que si nuestro cuerpo se debilita cuando dejamos de hacer ejercicio o cuando lo sometemos a condiciones de ingravidez, no es que se esté volviendo más insano. Es obvio que el cuerpo se adapta a lo que hay.
Supongo que para un esquiador alpino de descenso que mantiene su dominio técnico más o menos intacto, dejar de hacer ejercicios de fuerza y explosividad debe ser bastante insano. Al primer giro, salto o bache, sus cuádriceps estarían hechos trizas y la caída con el consiguiente daño estaría asegurada.
Pensemos en un alpinista, uno de los más grandes, como es el caso de Reinhold Messner. Su VO2 máx era de 48,8 mlO2/(Kg/min). Muy por debajo del de muchos corredores aficionados mediocres. ¿Qué quiere decir esto? Que para subir por encima de los 8000 metros el VO2 max no es un indicador de éxito. ¿Por qué? Porque el factor limitante no es la capacidad de transporte de oxígeno, sino la capacidad de mantener el corazón alimentado de oxígeno cuando éste es escaso. Y para que el corazón a esas altitudes pueda estar bien alimentado de oxígeno, el cerebro da a los músculos una señal de fatiga para que se activen con menos gasto de energía. Esta señal de fatiga, según algunos investigadores como el fisiólogo Tim Noakes, es tanto mayor cuanto mayor es el riesgo de isquemia cardíaca (ese riesgo aumenta a grandes altitudes). Otro dato llamativo es que los alpinistas no sean excesivamente jóvenes, y dudo que la única razón para ello sea la ganancia en experiencia. (Sirva todo esto como reflexión para cuando Killian Jornet intente subir a toda mecha a altitudes por encima de 7.000 metros con su VO2 máx en torno a 90 ml/(kg min).
A 8000 metros de altitud, los consumos de oxígeno registrados para algunos alpinistas oscilan en torno a 15 ml/(Kg min), cuando hay estudios que afirman que para mantenerse con vida el consumo mínimo debe ser en torno a 7 ml/(Kg min). Es decir que lo máximo que los escaladores suelen alcanzar en torno a los 8.500 metros es sólo el doble de lo que se necesita para mantenerse vivo. En cambio, un corredor de 1500-5000 metros llega a consumo máximo 12 veces mayores que el mínimo vital. (Fuente: "The Lore of Running, de Tim Noakes).
Otro ejemplo que se me ocurre, más controvertido sin duda, viene a cuenta de aquellas declaraciones tan polémicas del médico Eufemiano Fuentes, según las cuales la EPO o las autotransfusiones en deportistas que entrenan a cierto nivel son saludables si entendemos que los efectos secundarios que generan pueden ser más benignos (incluso más reversibles) que los efectos que produciría el sobreentrenamiento entrenando con ese volumen e intensidad sin esas ayudas ergogénicas. Ignoro por completo si los efectos de estas "ayudas" son más perjudiciales que el sobreentrenamiento (que puede producir depresión, daños musculares y cardíacos). Aquí se ve de nuevo lo delicado que es asociar deporte y salud sin tener claro lo que se está queriendo decir.
Una de mis opiniones respecto a lo saludable del deporte intenso radica en que al tener que exigir un alto ritmo metabólico, ralentiza el funcionamiento cerebral para todo aquello que no sea estar atento al ejercicio que estamos realizando, con lo cual permite desconectar y aparcar temporalmente muchas neurosis que los humanos acarreamos. Además los deportistas que entrenan y compiten con intensidad tienden a consumir menos alcohol, drogas y a trasnochar menos, claro está, por exigencias del oficio, no por ética personal. Lo cual no quiere decir que no haya sedentarios que coman, duerman bien y tengan una salud mental excelente.
Todo lo aquí expuesto a debate pone de manifiesto, a mi juicio, que el concepto de salud en relación con la aptitud atlética es más complejo de lo que nos antoja a priori. Pienso que estas cuestiones son interesantes de debatir y que poner en tela de juicio los cliches sobre deporte y salud, es una actitud científicamente más honesta que dejarse llevar por ellos sin cuestionamiento ulterior.
En mi opinión la salud hay que tomarla desde una perspectiva negativa. Es decir, existen acciones no saludables. La salud, entendida a su nivel más global, consistiría en eludir en la medida de lo posible las acciones no saludables. Sin embargo no creo que haya, en sí, acciones, conductas o alimentos saludables, aunque sí que hay acciones, conductas y alimentos (o drogas) poco saludables.
Tomemos por ejemplo el ejercicio con incidencia cardiovascular considerable: atletismo, remo, ciclismo, natación. Realizar acciones con incidencia cardiovascular moderada se suele considerar saludable, es decir, que aporta beneficios a nuestro corazón (lo robustece), que contribuye a reducir la presión arterial, regula las tasas de colesterol y triglicéridos, etc. Eso no quiere decir que sin ejercicio de estas características las tasas de colesterol HDL, LDL o TG no puedan estar a niveles aceptables. La alimentación puede incidir en ellas de manera tanto o más sustancial como el ejercicio, de modo que un llamado sedentario puede estar en estos aspectos tan saludable como un deportista.
Tener un corazón fuerte es sano si en reiteradas ocasiones tenemos que someterlo a esfuerzos considerables. Pero para nada es cierto que sea sano tener un corazón fuerte en sí, sea cual sea la actividad que realicemos habitualmente. Tampoco tener una elevada capacidad de absorción y transporte de oxígeno (VO2) es en sí saludable y en determinados casos hasta podría ser contraproducente. De no ser así, parecería bastante lógico pensar que cuando dejáramos de hacer ejercicio, nuestro corazón se mantendría grande y fuerte y nuestros pulmones seguirían teniendo una capacidad elevada de absorber oxígeno. Es probable que haya una razón para que nuestro organismo regrese a los niveles basales cuando se deja de practicar deporte intenso, si no es que nuestro organismo no se autorregula tan bien como creíamos. De modo que si nuestro cuerpo se debilita cuando dejamos de hacer ejercicio o cuando lo sometemos a condiciones de ingravidez, no es que se esté volviendo más insano. Es obvio que el cuerpo se adapta a lo que hay.
Supongo que para un esquiador alpino de descenso que mantiene su dominio técnico más o menos intacto, dejar de hacer ejercicios de fuerza y explosividad debe ser bastante insano. Al primer giro, salto o bache, sus cuádriceps estarían hechos trizas y la caída con el consiguiente daño estaría asegurada.
Pensemos en un alpinista, uno de los más grandes, como es el caso de Reinhold Messner. Su VO2 máx era de 48,8 mlO2/(Kg/min). Muy por debajo del de muchos corredores aficionados mediocres. ¿Qué quiere decir esto? Que para subir por encima de los 8000 metros el VO2 max no es un indicador de éxito. ¿Por qué? Porque el factor limitante no es la capacidad de transporte de oxígeno, sino la capacidad de mantener el corazón alimentado de oxígeno cuando éste es escaso. Y para que el corazón a esas altitudes pueda estar bien alimentado de oxígeno, el cerebro da a los músculos una señal de fatiga para que se activen con menos gasto de energía. Esta señal de fatiga, según algunos investigadores como el fisiólogo Tim Noakes, es tanto mayor cuanto mayor es el riesgo de isquemia cardíaca (ese riesgo aumenta a grandes altitudes). Otro dato llamativo es que los alpinistas no sean excesivamente jóvenes, y dudo que la única razón para ello sea la ganancia en experiencia. (Sirva todo esto como reflexión para cuando Killian Jornet intente subir a toda mecha a altitudes por encima de 7.000 metros con su VO2 máx en torno a 90 ml/(kg min).
A 8000 metros de altitud, los consumos de oxígeno registrados para algunos alpinistas oscilan en torno a 15 ml/(Kg min), cuando hay estudios que afirman que para mantenerse con vida el consumo mínimo debe ser en torno a 7 ml/(Kg min). Es decir que lo máximo que los escaladores suelen alcanzar en torno a los 8.500 metros es sólo el doble de lo que se necesita para mantenerse vivo. En cambio, un corredor de 1500-5000 metros llega a consumo máximo 12 veces mayores que el mínimo vital. (Fuente: "The Lore of Running, de Tim Noakes).
Otro ejemplo que se me ocurre, más controvertido sin duda, viene a cuenta de aquellas declaraciones tan polémicas del médico Eufemiano Fuentes, según las cuales la EPO o las autotransfusiones en deportistas que entrenan a cierto nivel son saludables si entendemos que los efectos secundarios que generan pueden ser más benignos (incluso más reversibles) que los efectos que produciría el sobreentrenamiento entrenando con ese volumen e intensidad sin esas ayudas ergogénicas. Ignoro por completo si los efectos de estas "ayudas" son más perjudiciales que el sobreentrenamiento (que puede producir depresión, daños musculares y cardíacos). Aquí se ve de nuevo lo delicado que es asociar deporte y salud sin tener claro lo que se está queriendo decir.
Una de mis opiniones respecto a lo saludable del deporte intenso radica en que al tener que exigir un alto ritmo metabólico, ralentiza el funcionamiento cerebral para todo aquello que no sea estar atento al ejercicio que estamos realizando, con lo cual permite desconectar y aparcar temporalmente muchas neurosis que los humanos acarreamos. Además los deportistas que entrenan y compiten con intensidad tienden a consumir menos alcohol, drogas y a trasnochar menos, claro está, por exigencias del oficio, no por ética personal. Lo cual no quiere decir que no haya sedentarios que coman, duerman bien y tengan una salud mental excelente.
Todo lo aquí expuesto a debate pone de manifiesto, a mi juicio, que el concepto de salud en relación con la aptitud atlética es más complejo de lo que nos antoja a priori. Pienso que estas cuestiones son interesantes de debatir y que poner en tela de juicio los cliches sobre deporte y salud, es una actitud científicamente más honesta que dejarse llevar por ellos sin cuestionamiento ulterior.
lunes, 12 de enero de 2015
El peligro de extrapolar la teoría evolutiva a distintos ámbitos de la ciencia
La teoría evolutiva, en su formulación más general podría decir algo así como: "Sobreviven las especies con un genoma del cual resultan características fisiológicas y conductas que las hacen aptas para llegar a la edad de reproducción y, en el caso de que sea necesario para la supervivencia de las crías, a la edad donde éstas pueden alimentarse y protegerse sin necesidad de sus progenitores".
La teoría evolutiva tiene un inconveniente. Su obviedad. Nunca se desprendió de esta teoría que sobrevivieran los más fuertes (como algunos creyeron entender) sino los más aptos. De todos modos, ¿cuáles son los más aptos? Respuesta: los que sobreviven. En última instancia, la aptitud para sobrevivir se mide abriendo los ojos y prestando atención a las especies actuales, que son las que están vivas ahora. Cualquier especie que veamos en la actualidad está ahí porque tuvo aptitud de sobrevivir, bien conservando el genoma de hace millones de años, o bien con mutaciones de ciertos genes.
En cierto modo, la teoría evolutiva podría conducir a una perogrullada tal como decir que " las especies que conocemos en la actualidad presentan una aptitud para la supervivencia". ¿En qué se basan para afirmar esta aptitud? ¡En que no se han extinguido hasta el momento!
La gran virtud de la teoría evolutiva fue ante todo que en una civilización donde la figura de Dios revestía mucha importancia, Darwin dio a entender que el hombre era un animal más resultante de una cadena de mutaciones habidas en el pasado. Esto no podía gustar a la Iglesia.
En cuanto a la importancia de la teoría evolutiva en la ciencia actual, fuera de la virtud enunciada en el apartado anterior de que permitió expulsar a Dios de la buena práctica científica, la influencia del evolucionismo a mi juicio es más perniciosa que beneficiosa.
Pongamos un ejemplo: la psicología evolutiva. En algunos casos se llega a afirmar que el hombre es neurótico porque conserva el genoma del hombre del paleolítico, donde la agresividad era una condición necesaria para sobrevivir. Ahora, en un entorno donde la agresividad es reprimida y castigada, ese genoma tiene que ser una carga para el hombre y ha de conducirle inevitablemente a la neurosis. ¿Suena bien, no? Pues todo apunta a que es falso. De hecho, hay estudios que indican que los individuos que dan rienda suelta a su ira tienden a ser más neuróticos que aquellos que no la exteriorizan. De alguna manera, la ira se alimenta a sí misma y genera más ira. Por ejemplo, Albert Ellis, creador de la Terapia Racional Emotivo Cognitiva Conductual (TRECC), uno de los psicólogos más rigurosos que ha habido en su praxis científica, afirmaba que de todos los estudios consultados resultaba que dar rienda suelta a la ira nos hace más propensos a seguir experimentando ira.
Además, hay quien confunde agresividad con ira. Podemos ser agresivos en un momento dado y luego dormir como angelitos o ser cariñosos, como lo son los gatos que vuelve a casa después de haber cazado un pájaro y haberlo escondido en un lugar seguro. La agresividad no es neurosis, la ira sí. Alguien airado está en el estado de activación neuronal que estaba momentos atrás cuando el incidente que desencadenó su agresividad tuvo lugar. Alguien con ira es alguien que ante un acontecimiento que ha puesto su organismo en alerta, sigue en alerta cuando ese acontecimiento ya es cosa del pasado y no supone amenaza.
Otro ejemplo, relacionado con la entrada anterior: la nutrición evolutiva. Incurre en un error de bulto, que es considerar que la comida de la que una especie disponía en su hábitat en la época en que se constituyó su genoma que conserva en la actualidad, era la mejor comida posible para esa especie. ¡Craso error! ¿Por qué había de ser así?
Hace no mucho en el puerto de Barcelona, vi como unos niños hijos de turistas tiraban pan al mar. Bancos de peces subían a la superficie a comer. De repente las gaviotas iban hacia el lugar. Pensé, qué gusto para ellas, nunca van a encontrar tantos peces juntos. ¿Qué hicieron las gaviotas? ¡Se comieron el pan, pero ningún pez acabó en su boca! Rivalizaban con los peces por el pan. Ignoro si el pan para las gaviotas es más pernicioso que los peces del puerto alimentados con pan, residuos de gasóleo y demás porquerías, pero no es lícito afirmar que porque las gaviotas desde sus orígenes han comido peces y eso les ha permitido sobrevivir hasta ahora, los peces son el mejor alimento para ellas. Quizá no. Últimamente se ve en las ciudades gaviotas abatir palomas en pleno vuelo y comerse su carne. Quizá no sea malo para ellas. Habría que analizarlo caso por caso. Además, bastaría con que la dieta alta en granos de cereal o en carne le permitiera llegar a la edad de reproducirse para decir que es sana para la especie (al menos así sería en términos evolutivos).
Otro problema de los evolucionistas es que no parecen tener en cuenta que una cosa es el individuo y otra es la especie. En una sociedad acomodada, con clase media porcentualmente elevada, con seguridad en las calles y altamente individualista, la supervivencia de la especie preocupa menos que la de cada individuo. Cada individuo se preocupa de su pequeña vida. Y obviamente, lo que es sano para la especie puede no serlo para él. Ese es otro fallo de extrapolar lo evolutivo a la salud de los individuos. A los evolucionistas sólo les interesa la especie, de modo que poco competentes pueden ser para hablar de qué es más saludable para cada individuo.
Las argumentaciones de los paleodietistas o de los cetogenistas, etc, basándose en la teoría evolutiva son -siempre lo he dicho- falaces. Hay que basarse en el hombre de hoy, en los sistemas de medición y análisis de hoy, en la ciencia de hoy. Algunos lo hacen, pero al posicionarse en una perspectiva evolucionista, lo hacen de una manera bastante sesgada. Es decir, que sólo le interesan aquellos estudios que respaldan su hipótesis y se dan buena prisa en publicar sus resultados, mientras que nada dicen de aquellos estudios que contradicen la perspectiva evolucionista.
La teoría evolutiva tiene un inconveniente. Su obviedad. Nunca se desprendió de esta teoría que sobrevivieran los más fuertes (como algunos creyeron entender) sino los más aptos. De todos modos, ¿cuáles son los más aptos? Respuesta: los que sobreviven. En última instancia, la aptitud para sobrevivir se mide abriendo los ojos y prestando atención a las especies actuales, que son las que están vivas ahora. Cualquier especie que veamos en la actualidad está ahí porque tuvo aptitud de sobrevivir, bien conservando el genoma de hace millones de años, o bien con mutaciones de ciertos genes.
En cierto modo, la teoría evolutiva podría conducir a una perogrullada tal como decir que " las especies que conocemos en la actualidad presentan una aptitud para la supervivencia". ¿En qué se basan para afirmar esta aptitud? ¡En que no se han extinguido hasta el momento!
La gran virtud de la teoría evolutiva fue ante todo que en una civilización donde la figura de Dios revestía mucha importancia, Darwin dio a entender que el hombre era un animal más resultante de una cadena de mutaciones habidas en el pasado. Esto no podía gustar a la Iglesia.
En cuanto a la importancia de la teoría evolutiva en la ciencia actual, fuera de la virtud enunciada en el apartado anterior de que permitió expulsar a Dios de la buena práctica científica, la influencia del evolucionismo a mi juicio es más perniciosa que beneficiosa.
Pongamos un ejemplo: la psicología evolutiva. En algunos casos se llega a afirmar que el hombre es neurótico porque conserva el genoma del hombre del paleolítico, donde la agresividad era una condición necesaria para sobrevivir. Ahora, en un entorno donde la agresividad es reprimida y castigada, ese genoma tiene que ser una carga para el hombre y ha de conducirle inevitablemente a la neurosis. ¿Suena bien, no? Pues todo apunta a que es falso. De hecho, hay estudios que indican que los individuos que dan rienda suelta a su ira tienden a ser más neuróticos que aquellos que no la exteriorizan. De alguna manera, la ira se alimenta a sí misma y genera más ira. Por ejemplo, Albert Ellis, creador de la Terapia Racional Emotivo Cognitiva Conductual (TRECC), uno de los psicólogos más rigurosos que ha habido en su praxis científica, afirmaba que de todos los estudios consultados resultaba que dar rienda suelta a la ira nos hace más propensos a seguir experimentando ira.
Además, hay quien confunde agresividad con ira. Podemos ser agresivos en un momento dado y luego dormir como angelitos o ser cariñosos, como lo son los gatos que vuelve a casa después de haber cazado un pájaro y haberlo escondido en un lugar seguro. La agresividad no es neurosis, la ira sí. Alguien airado está en el estado de activación neuronal que estaba momentos atrás cuando el incidente que desencadenó su agresividad tuvo lugar. Alguien con ira es alguien que ante un acontecimiento que ha puesto su organismo en alerta, sigue en alerta cuando ese acontecimiento ya es cosa del pasado y no supone amenaza.
Otro ejemplo, relacionado con la entrada anterior: la nutrición evolutiva. Incurre en un error de bulto, que es considerar que la comida de la que una especie disponía en su hábitat en la época en que se constituyó su genoma que conserva en la actualidad, era la mejor comida posible para esa especie. ¡Craso error! ¿Por qué había de ser así?
Hace no mucho en el puerto de Barcelona, vi como unos niños hijos de turistas tiraban pan al mar. Bancos de peces subían a la superficie a comer. De repente las gaviotas iban hacia el lugar. Pensé, qué gusto para ellas, nunca van a encontrar tantos peces juntos. ¿Qué hicieron las gaviotas? ¡Se comieron el pan, pero ningún pez acabó en su boca! Rivalizaban con los peces por el pan. Ignoro si el pan para las gaviotas es más pernicioso que los peces del puerto alimentados con pan, residuos de gasóleo y demás porquerías, pero no es lícito afirmar que porque las gaviotas desde sus orígenes han comido peces y eso les ha permitido sobrevivir hasta ahora, los peces son el mejor alimento para ellas. Quizá no. Últimamente se ve en las ciudades gaviotas abatir palomas en pleno vuelo y comerse su carne. Quizá no sea malo para ellas. Habría que analizarlo caso por caso. Además, bastaría con que la dieta alta en granos de cereal o en carne le permitiera llegar a la edad de reproducirse para decir que es sana para la especie (al menos así sería en términos evolutivos).
Otro problema de los evolucionistas es que no parecen tener en cuenta que una cosa es el individuo y otra es la especie. En una sociedad acomodada, con clase media porcentualmente elevada, con seguridad en las calles y altamente individualista, la supervivencia de la especie preocupa menos que la de cada individuo. Cada individuo se preocupa de su pequeña vida. Y obviamente, lo que es sano para la especie puede no serlo para él. Ese es otro fallo de extrapolar lo evolutivo a la salud de los individuos. A los evolucionistas sólo les interesa la especie, de modo que poco competentes pueden ser para hablar de qué es más saludable para cada individuo.
Las argumentaciones de los paleodietistas o de los cetogenistas, etc, basándose en la teoría evolutiva son -siempre lo he dicho- falaces. Hay que basarse en el hombre de hoy, en los sistemas de medición y análisis de hoy, en la ciencia de hoy. Algunos lo hacen, pero al posicionarse en una perspectiva evolucionista, lo hacen de una manera bastante sesgada. Es decir, que sólo le interesan aquellos estudios que respaldan su hipótesis y se dan buena prisa en publicar sus resultados, mientras que nada dicen de aquellos estudios que contradicen la perspectiva evolucionista.
domingo, 4 de enero de 2015
Sobreentrenamiento y dieta. ¿Qué puede ocurrir con las dietas muy bajas en carbohidratos?
En esta entrada, más que ofrecer ayuda en materia de dieta, estoy planteando una cuestión a debatir. Las dietas muy bajas en hidratos de carbono, también llamadas cetogénicas ¿hacen más probable entrar en un estado de sobreentrenamiento o lo dificultan o retrasan?
Un hecho me llevó a plantearme esta cuestión. Mejor dicho, dos hechos, aunque el primero con mayor énfasis. Este primer hecho es el siguiente: ¿por qué en los estados de sobreentrenamiento descritos por fisiólogos, los niveles de glucógeno muscular bajan y tiende a haber un estado de mayor degradación proteica? ¿Realmente tiene sentido que el cuerpo permita que los carbohidratos bajen justo cuando estamos entrenando más fuerte? Esto nos lleva a plantearnos si ese descenso de los depósitos de glucógeno muscular y la mayor degradación proteica son un proceso sencillamente patológico -con lo cual no queda más que descansar y afrontar el problema, o si bien se trata de una respuesta de protección del cuerpo al excesivo estrés metabólico que supone la utilización de los hidratos de carbono. ¿Tendrán razón quienes sostengan que una dieta cetogénica hace más improbable entrar en estados como la depresión, la ansiedad y el sobreentrenamiento? Nótese que no estoy contestando a las preguntas, únicamente estoy abriendo o alimentando un debate que en cierto modo ya han abierto algunos médicos y fisiólogos (ejemplos más célebres, dieta Dukan, Atkins). Este debate se centra sobre si los hidratos de carbono son perjudiciales y si acaso el sobreentrenamiento no tendrá algo que ver con el sobreestrés metabólico que requiere su utilización, sobre todo debido a la acción de la insulina que inhibe la lipósisis con sus consiguientes mayores dificultades para realizar una buena utilización de los ácidos grasos en los atletas de resistencia, sin contar los inconvenientes que acarreran unos constantemente elevados niveles de insulina?
El segundo hecho ya está mencionado. Si el primero se trataba de que en el sobreentrenamiento se produce un curioso descenso de los depósitos de glucógeno y una mayor degradación de proteinas del propio cuerpo (autofagocitamiento podría decirse), el segundo hecho era la existencia de cada vez más publicaciones de los últimos cinco años que alertan contra el exceso de hidratos de carbono en general y considerando el peor de esos hidratos la fructosa (peor que la galactosa contenida en la lactosa; respecto a los peligros de la galactosa hay mucho menos documentado que en relación a la fructosa y todavía es un tema abierto). Además hay publicaciones que catalogan la glucosa como una droga y la fructosa como un veneno droga, algo similar a lo que ocurre con el alcohol, que tampoco se puede transformar en glucosa para su uso como fuente de energía.
Desde mi punto de vista, las dietas cetogénicas tienen que aumentar en casi todos los casos el rendimiento en medias, maratones, ultras y carreras largas de montaña, eso sí, siempre tras una ketoadaptación estricta como aconsejan los médicos que proponen estas dietas. En carreras de 5000, 10000 y medio fondo no se me antoja tan claro que las dietas cetogénicas no generen problemas, pero en este asunto hay mucho por investigar. Quizá haya soluciones que permitan realizar una dieta cetogénica estrica de base y sólo 2 días (excepcionales) a la semana y en el momento inmediatamente posterior al entrenamiento (no más de media hora después) ingerir un combinado de carbohidratos, proteinas y grasas. Por ejemplo, se puede llevar en un taper no demasiado grande un puñado y medio de arroz con 3 claras de huevo cocinadas y añadir a última hora la yema cruda (que habíamos apartado previamente) para dar sabor y un aporte en grasas que no puede ser tan malo cuando en la fase post entrenamiento intenso el músculo requiere menos cantidad de insulina para el transporte a él de glucógeno. Esto se puede hacer en los 2 días de la semana más intensos de entrenamiento justo tras acabar éste. Con más intenso no me refiero a más duro, sino a la clase de entrenamiento que nos deja más vacío de carbohidratos.
No tengo claro si en mediofondistas que entrenan más de la mitad del tiempo por encima de su umbral anaeróbico (ritmo al cual los carbohidratos son una fuente más eficiente) las dietas cetogénicas permiten restaurar con la suficiente rapidez los depósitos de glucógeno muscular y hepático. En lo que parece haber consenso es en el hecho de que las dietas cetogénicas terminan por reducir la demanda de glucosa por parte del cerebro que puede hacer un buen uso de los cuerpos cetónicos. Pero cuando se entrena a ritmos por encima del umbral anaeróbico y a menudo por encima del VO2 max, la glucosa es la fuente de energía casi exclusiva y por lo que yo sé, no está del todo documentado cómo inciden las dietas cetogénicas en los depósitos de glucógeno. Por lo general se tiende a afirmar que estos depósitos bajan, pero esto podría ser sólo cierto en corredores que corren casi siempre a ritmos sub-umbral o en personas sedentarias. Pero quizá en mediofondistas y cuatrocentistas que tienen unos elevados requerimientos de glucógeno, podría ser también posible que una ketoadaptación no fuera mala, ante todo porque en nuestra vida cotidiana fuera del entrenamiento tiraríamos más de las grasas y los depósitos de glucógeno que se podrían acumular en el músculo progresivamente, permanecer más intactos de lo que a priori se podría creer.
Sería un tema interesante de estudio el ver cómo se puede enfocar una dieta cetogénica en corredores de carreras que van desde los 100 metros hasta los 21 km. En maratón y ultras no me cabe duda de que las dietas cetogénicas pueden ser muy beneficiosas, habida cuenta del ritmo que se sigue en esas carreras y puesto que el Vo2 max no es un factor limitante, se puede mejorar en ellas el porcentaje de utilización de grasas. No así, como he dicho antes, en una competición de 400, 800 o 1500, donde quedarse corto de reservas de glucógeno en el músculo puede ser dramático. No dramático en la competición, donde no serán necesarias reservas tan altas, pero sí en el entrenamiento donde a menudo se tendrán que hacer entrenamientos tipo 5 repeticiones de 1000 a ritmo cercano a VO2 max, donde la glucosa es el combustible más eficiente. En estos entrenamientos se corre el peligro de quedarnos vacíos de reservas si no se aborda bien el asunto de los ajustes a la nutrición en el marco de una dieta cetogénica. El debate ya está abierto y estaremos muy expectantes sobre todo aquellos que nos gusta y entrenamos para velocidad larga, mediofondo y fondo corto (5000, 10.000 y cross).
Un hecho me llevó a plantearme esta cuestión. Mejor dicho, dos hechos, aunque el primero con mayor énfasis. Este primer hecho es el siguiente: ¿por qué en los estados de sobreentrenamiento descritos por fisiólogos, los niveles de glucógeno muscular bajan y tiende a haber un estado de mayor degradación proteica? ¿Realmente tiene sentido que el cuerpo permita que los carbohidratos bajen justo cuando estamos entrenando más fuerte? Esto nos lleva a plantearnos si ese descenso de los depósitos de glucógeno muscular y la mayor degradación proteica son un proceso sencillamente patológico -con lo cual no queda más que descansar y afrontar el problema, o si bien se trata de una respuesta de protección del cuerpo al excesivo estrés metabólico que supone la utilización de los hidratos de carbono. ¿Tendrán razón quienes sostengan que una dieta cetogénica hace más improbable entrar en estados como la depresión, la ansiedad y el sobreentrenamiento? Nótese que no estoy contestando a las preguntas, únicamente estoy abriendo o alimentando un debate que en cierto modo ya han abierto algunos médicos y fisiólogos (ejemplos más célebres, dieta Dukan, Atkins). Este debate se centra sobre si los hidratos de carbono son perjudiciales y si acaso el sobreentrenamiento no tendrá algo que ver con el sobreestrés metabólico que requiere su utilización, sobre todo debido a la acción de la insulina que inhibe la lipósisis con sus consiguientes mayores dificultades para realizar una buena utilización de los ácidos grasos en los atletas de resistencia, sin contar los inconvenientes que acarreran unos constantemente elevados niveles de insulina?
El segundo hecho ya está mencionado. Si el primero se trataba de que en el sobreentrenamiento se produce un curioso descenso de los depósitos de glucógeno y una mayor degradación de proteinas del propio cuerpo (autofagocitamiento podría decirse), el segundo hecho era la existencia de cada vez más publicaciones de los últimos cinco años que alertan contra el exceso de hidratos de carbono en general y considerando el peor de esos hidratos la fructosa (peor que la galactosa contenida en la lactosa; respecto a los peligros de la galactosa hay mucho menos documentado que en relación a la fructosa y todavía es un tema abierto). Además hay publicaciones que catalogan la glucosa como una droga y la fructosa como un veneno droga, algo similar a lo que ocurre con el alcohol, que tampoco se puede transformar en glucosa para su uso como fuente de energía.
Desde mi punto de vista, las dietas cetogénicas tienen que aumentar en casi todos los casos el rendimiento en medias, maratones, ultras y carreras largas de montaña, eso sí, siempre tras una ketoadaptación estricta como aconsejan los médicos que proponen estas dietas. En carreras de 5000, 10000 y medio fondo no se me antoja tan claro que las dietas cetogénicas no generen problemas, pero en este asunto hay mucho por investigar. Quizá haya soluciones que permitan realizar una dieta cetogénica estrica de base y sólo 2 días (excepcionales) a la semana y en el momento inmediatamente posterior al entrenamiento (no más de media hora después) ingerir un combinado de carbohidratos, proteinas y grasas. Por ejemplo, se puede llevar en un taper no demasiado grande un puñado y medio de arroz con 3 claras de huevo cocinadas y añadir a última hora la yema cruda (que habíamos apartado previamente) para dar sabor y un aporte en grasas que no puede ser tan malo cuando en la fase post entrenamiento intenso el músculo requiere menos cantidad de insulina para el transporte a él de glucógeno. Esto se puede hacer en los 2 días de la semana más intensos de entrenamiento justo tras acabar éste. Con más intenso no me refiero a más duro, sino a la clase de entrenamiento que nos deja más vacío de carbohidratos.
No tengo claro si en mediofondistas que entrenan más de la mitad del tiempo por encima de su umbral anaeróbico (ritmo al cual los carbohidratos son una fuente más eficiente) las dietas cetogénicas permiten restaurar con la suficiente rapidez los depósitos de glucógeno muscular y hepático. En lo que parece haber consenso es en el hecho de que las dietas cetogénicas terminan por reducir la demanda de glucosa por parte del cerebro que puede hacer un buen uso de los cuerpos cetónicos. Pero cuando se entrena a ritmos por encima del umbral anaeróbico y a menudo por encima del VO2 max, la glucosa es la fuente de energía casi exclusiva y por lo que yo sé, no está del todo documentado cómo inciden las dietas cetogénicas en los depósitos de glucógeno. Por lo general se tiende a afirmar que estos depósitos bajan, pero esto podría ser sólo cierto en corredores que corren casi siempre a ritmos sub-umbral o en personas sedentarias. Pero quizá en mediofondistas y cuatrocentistas que tienen unos elevados requerimientos de glucógeno, podría ser también posible que una ketoadaptación no fuera mala, ante todo porque en nuestra vida cotidiana fuera del entrenamiento tiraríamos más de las grasas y los depósitos de glucógeno que se podrían acumular en el músculo progresivamente, permanecer más intactos de lo que a priori se podría creer.
Sería un tema interesante de estudio el ver cómo se puede enfocar una dieta cetogénica en corredores de carreras que van desde los 100 metros hasta los 21 km. En maratón y ultras no me cabe duda de que las dietas cetogénicas pueden ser muy beneficiosas, habida cuenta del ritmo que se sigue en esas carreras y puesto que el Vo2 max no es un factor limitante, se puede mejorar en ellas el porcentaje de utilización de grasas. No así, como he dicho antes, en una competición de 400, 800 o 1500, donde quedarse corto de reservas de glucógeno en el músculo puede ser dramático. No dramático en la competición, donde no serán necesarias reservas tan altas, pero sí en el entrenamiento donde a menudo se tendrán que hacer entrenamientos tipo 5 repeticiones de 1000 a ritmo cercano a VO2 max, donde la glucosa es el combustible más eficiente. En estos entrenamientos se corre el peligro de quedarnos vacíos de reservas si no se aborda bien el asunto de los ajustes a la nutrición en el marco de una dieta cetogénica. El debate ya está abierto y estaremos muy expectantes sobre todo aquellos que nos gusta y entrenamos para velocidad larga, mediofondo y fondo corto (5000, 10.000 y cross).
sábado, 6 de diciembre de 2014
La psicología del corredor
Del mismo modo que hay publicaciones sobre entrenamiento del corredor, las hay también de la psicolología, aunque en este último caso los libros se refieren a la mente del deportista, no sólo del corredor. Esto es razonable, puesto que no hay diferencias esenciales entre la psicología del corredor y la de cualquier otro deportista de competición.
Pero me gustaría dar un paso más en este asunto y afirmar que tampoco debería haber diferencia entre la psicología del deportista de competición y la psicología del individuo en general, sea deportista o no. Con ello quiero decir que no creo que deban adoptarse estrategias de entrenamiento mental específicas para el corredor, distintas de las que debería adoptar un empresario ante una tensa reunión de negocios o de un profesor con miedo escénico antes de ofrecer su primera clase en una materia.
El enemigo del corredor y de cualquier individuo es el miedo. Siempre que un corredor compite mal y no encuentra ninguna causa orgánica -fiebre, molestias, lesiones- probablemente haya sucedido que el miedo ha entrado en escena. El miedo es lo que hace a un futbolista fallar un penalti, a un tenista fallar un segundo servicio o cometer un error no forzado, a un maratoniano desfallecer de una manera estrepitosa ante un ataque del rival. Cuando un ciclista o un maratoniano ven que sus rivales se les escapan contra sus expectativas, se produce a menudo un cortocircuito mental. Esto sucede con mucha claridad a los ciclistas en el las etapas de montaña o contrarreloj. Cuando uno de los favoritos se ve descolgado, no sólo pierde terreno y minutos porque el estado de forma del rival sea mejor -cosa que por supuesto ocurre- sino porque el miedo entra en escena, se empieza a visualizar la derrota como si se tratara de un funeral. Y en lugar de perder un minuto como sucedería si asumiéramos la derrota con cierta resignación, un ciclista con altas expectativas puede perder 4 o 5 minutos en una escalada. En atletismo sucede igual. También en nuestro trabajo y en nuestra vida cotidiana.
A menudo se oye decir: "este atleta sabe sufrir" o "este otro no sabe sufrir". En mi experiencia, he visto que los atletas más sufrientes eran justamente aquellos de los que se dice que no saben sufrir. Sufren mucho más que aquellos que saben sufrir. El buen competidor gana a menudo porque no deja que el sufrimiento físico provoque dudas y temores en su mente. Me parece un error glorificar el sufrimiento, un error que no contribuye en nada a mejorar el rendimiento. Probablemente cuando mejor competimos es en aquellas carreras en las que el sufrimiento psicológico no hace acto de presencia por más que las piernas duelan.
A menudo he visto como atletas extrovertidos, desenfadados, a menudo un tanto indisciplinados, compiten mejor que los atletas introvertidos, autoexigentes y muy disciplinados. Con ello no quiero decir que la disciplina sea algo negativo. Nada de eso. Lo que quiero decir es que la disciplina debe provenir de la pasión por lo que se hace. Los mejores atletas, como Gebreselasie, son atletas muy disciplinados no porque se impongan el entrenamiento como un castigo, sino por la pasión que sienten por lo que hacen.
Cuando un atleta sienta el miedo, la duda, el temor psicológico, antes que decirse a sí mismo "es hora de sufrir cuanto más mejor" debería recordarse que practica ese deporte porque quiere, porque le gusta, porque le apasiona y aceptar con resignación los días en que nuestros rivales son mejores que nosotros. Esta sana resignación es lo que se suele llamar humildad. A mi entender, la humildad no significa no tenerse en alta estima, sino asumir los hechos como son en el día en que suceden.
En definitiva y a mi juicio, una mentalidad hedonista por parte del corredor hace mucho más beneficio a éste que una mentalidad basada en la autoexigencia.
Pero me gustaría dar un paso más en este asunto y afirmar que tampoco debería haber diferencia entre la psicología del deportista de competición y la psicología del individuo en general, sea deportista o no. Con ello quiero decir que no creo que deban adoptarse estrategias de entrenamiento mental específicas para el corredor, distintas de las que debería adoptar un empresario ante una tensa reunión de negocios o de un profesor con miedo escénico antes de ofrecer su primera clase en una materia.
El enemigo del corredor y de cualquier individuo es el miedo. Siempre que un corredor compite mal y no encuentra ninguna causa orgánica -fiebre, molestias, lesiones- probablemente haya sucedido que el miedo ha entrado en escena. El miedo es lo que hace a un futbolista fallar un penalti, a un tenista fallar un segundo servicio o cometer un error no forzado, a un maratoniano desfallecer de una manera estrepitosa ante un ataque del rival. Cuando un ciclista o un maratoniano ven que sus rivales se les escapan contra sus expectativas, se produce a menudo un cortocircuito mental. Esto sucede con mucha claridad a los ciclistas en el las etapas de montaña o contrarreloj. Cuando uno de los favoritos se ve descolgado, no sólo pierde terreno y minutos porque el estado de forma del rival sea mejor -cosa que por supuesto ocurre- sino porque el miedo entra en escena, se empieza a visualizar la derrota como si se tratara de un funeral. Y en lugar de perder un minuto como sucedería si asumiéramos la derrota con cierta resignación, un ciclista con altas expectativas puede perder 4 o 5 minutos en una escalada. En atletismo sucede igual. También en nuestro trabajo y en nuestra vida cotidiana.
A menudo se oye decir: "este atleta sabe sufrir" o "este otro no sabe sufrir". En mi experiencia, he visto que los atletas más sufrientes eran justamente aquellos de los que se dice que no saben sufrir. Sufren mucho más que aquellos que saben sufrir. El buen competidor gana a menudo porque no deja que el sufrimiento físico provoque dudas y temores en su mente. Me parece un error glorificar el sufrimiento, un error que no contribuye en nada a mejorar el rendimiento. Probablemente cuando mejor competimos es en aquellas carreras en las que el sufrimiento psicológico no hace acto de presencia por más que las piernas duelan.
A menudo he visto como atletas extrovertidos, desenfadados, a menudo un tanto indisciplinados, compiten mejor que los atletas introvertidos, autoexigentes y muy disciplinados. Con ello no quiero decir que la disciplina sea algo negativo. Nada de eso. Lo que quiero decir es que la disciplina debe provenir de la pasión por lo que se hace. Los mejores atletas, como Gebreselasie, son atletas muy disciplinados no porque se impongan el entrenamiento como un castigo, sino por la pasión que sienten por lo que hacen.
Cuando un atleta sienta el miedo, la duda, el temor psicológico, antes que decirse a sí mismo "es hora de sufrir cuanto más mejor" debería recordarse que practica ese deporte porque quiere, porque le gusta, porque le apasiona y aceptar con resignación los días en que nuestros rivales son mejores que nosotros. Esta sana resignación es lo que se suele llamar humildad. A mi entender, la humildad no significa no tenerse en alta estima, sino asumir los hechos como son en el día en que suceden.
En definitiva y a mi juicio, una mentalidad hedonista por parte del corredor hace mucho más beneficio a éste que una mentalidad basada en la autoexigencia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)